Casa de muñecas

      La primera vez que lo vio en casa de una prima no le pareció tan interesante, pero luego de jugar unos minutos comenzó a descubrir sus rincones y al rato se dio cuenta de lo especial que era. La casa de muñecas totalmente hecha a mano y pintada con una delicadeza proverbial se brindaba al juego de una manera notable. Tenía hasta habitaciones secretas, detalles barrocos en puertas y ventanas y pisos de pinotea reales, cada una de las pequeñas tablitas encajaba perfectamente y hacían que pareciera totalmente real. Su tamaño era también notable, la niña sentía que podría jugar allí para siempre. Entonces comenzó a desearla y la verdad es que sus padres no podrían ni con tres sueldos comprarle algo parecido, si es acaso posible encontrar algo similar en alguna tienda común.
    La niña comenzó a visitar a su prima con más frecuencia, inclusive varias veces que esta no estaba ella se quedaba allí jugando con sus muñecas. Ella podía usar el juguete cuanto quisiera, sólo había una sola cosa que no le estaba permitida. Cada habitación tenía su propio sistema de iluminación a velas, ella nunca lo había visto encendido pero esto era algo terminantemente prohibido. Este acto crepuscular tan sublime era guardado celosamente por su prima quien se lo había dejado en claro en varias oportunidades.
    El tiempo en lo de su prima siempre era poco, llegaba de muy buen humor y se iba triste, realmente amaba pasar el tiempo jugando. Sabía que poder tener algo así para ella era algo improbable, la casita ya tenía dueña. Pero resulto que un día su prima y su tía debieron abandonar la ciudad, y la niña y su familia debieron quedarse como caseros.
Cuando a la niña le dieron la noticia le brillaron los ojos, por un tiempo iba a tener la oportunidad de hacer suyo ese objeto único. Ella sentía que era la segunda mejor cosa que le podía pasar al respecto de la casa, si no podía ser suyo al menos podría sentirlo así por un tiempo.
Así fue que se adueñó del lugar de manera meticulosa, avanzando de habitación en habitación volvió a recorrer la maqueta de madera y se sintió fascinada, la primer noche tuvo ganas de encender las velas pero se contuvo. La segunda noche no pudo conseguir los fósforos pero la tercera se hizo de un encendedor y espero que todos se vayan a dormir. Con mucho cuidado comenzó a encender las pequeñas farolas del juguete, la habitación se ilumino con una luz amarilla casi anaranjada que bañaba las paredes y el rostro de la niña que abría los ojos hipnotizada por lo que veía. Las luces hacían que los pequeños muebles emitieran sombras en el piso dándole otro nivel de realidad a todo este asunto. Ella congelada miraba sin pestañar, se alejó para ver mejor y se dio cuenta que desde una de las farolas comenzaba a asomarse una llama que debería estar contenida pero no lo estaba. Ahí se dio cuenta, comenzó a tomar conciencia de que esto le había sido prohibido pero ella había decidido hacerlo de todas formas. Si hubiera actuado en ese momento hubiera extinguido la llama con el dedo o con su propia salivación pero no fue así. Espero. Se dio media vuelta y dejo de mirar la casa, corrió y se metió en su cama. Pensaba que nada pasaría, que el fuego se apagaría solo o no avanzaría. Empezó a pensar en otra cosa cuando comenzó a sentir olor a quemado. Era la segunda señal que recibía, la casa de alguna manera intentaba llamar la atención de la niña quien seguía ignorando la situación. Si se hubiera hecho algo en ese momento los daños hubieran sido leves, aún había tiempo de remediar la situación pero no había nadie que lo hiciera. Luego apareció un poco de humo, lo que había sido una pequeña llama ya estaba tomando la habitación principal  y al arder las cuerinas del mobiliario se generó humo negro difícil de ignorar. Pero la niña lo hizo otra vez, lo ignoro esperando que esto se solucione solo. Por supuesto el fuego siguió avanzando, al tomar los pisos de pinotea de la planta alta las llamas comenzaban a tener una altura considerable y a emitir ruido, era la madera que crujía al consumir el delicado combustible. Las señales de que algo malo estaba pasando eran ya obscenas, sólo un estúpido podría ignorarlo y no hacer nada al respecto viendo que lejos de desaparecer todo se iba agravando. La niña no era estúpida pero vaya a saber por qué razón siguió prefiriendo aislarse de la avasallante realidad. Las llamas superaron los límites de la casa de muñecas y comenzaron a tomar las cortinas. ¿Por qué la niña que había amado tanto jugar allí no hacía nada para remediarlo? Los daños materiales ya eran irreversibles y el fuego, difícil de controlar. Cuando las llamas tocaron sus pies la niña decidió actuar, apenas si pudo salir de su habitación y avisar a sus padres. Escaparon de la casa que fue casi totalmente destruida por el fuego que se expandió rápidamente por las habitaciones y demás espacios de la construcción.

   Un sueño termino convirtiéndose en pesadilla, lo difícil es a veces actuar en el momento oportuno y mirar en retrospectiva tratando de detectar exactamente cuál fue el acto que desencadenó el triste final. Ignorar nuestros problemas no hace que desaparezcan al igual que ignorar el fuego no hace que éste se extinga. Ignorar es un cobarde acto de conformismo y de soberbia, ignorar provoca daños irreparables que podrían haberse evitado con un poco de saliva.

     Tomar conciencia de esto y accionar sobre la realidad para resolver o cambiar es solo el principio y eso no asegura que logremos nuestro objetivo, solo estaremos seguros de haber hecho lo correcto.
   Tener el valor de hacerse cargo de las decisiones equivocadas y tener la valentía de avanzar y accionar en la realidad que queremos cambiar es un valor que determina de qué estamos hechos.


Ariel A. Adera



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